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domingo, 18 de mayo de 2014

Fábula del Sol y del Viento





El Sol y el Viento.
Una mañana coincidieron al amanecer el Sol que asomaba y el Viento,  que soplaba con fuerza llevándose todo cuanto no estuviera anclado al suelo.
-¡Con qué ánimo te veo hoy amigo viento!- dijo el Sol nada más asomar por el horizonte.
-Aquí me tienes amigo Sol,  lleno de vigor y de fortaleza. No existe nada que pueda resistirse a mi voluntad.
Y como queriendo demostrarle al Sol,  que sus palabras no eran meras bravuconadas, sopló con tanta fuerza que incluso algunos tejados de  las casas se despegaron de las paredes y los arboles fueron arrancados del suelo para ir a parar lejos de donde estaban plantados.
-Bien me demuestras tus fuerzas- dijo el Sol.
-Pues aun podría hacer más-se ufanaba el Viento -, Agito a las aguas y los humanos me temen, las tierras arraso y no hay otro elemento de la naturaleza que pueda emularme.
El Sol observaba al viento que todo lo agitaba y revolvía.
-Y dime Viento-Dijo el Sol-, veo que efectivamente tu capacidad para crear destrucción es grande, pero no significa que por ello tu poder sea mayor al poder de otros.
-No me hagas reír-contestó orgulloso el Viento-,  ¿Acaso tu podrías superarme?
-Hagamos una prueba si te atreves-dio el Sol.
-Eligela tú mismo- le contestó el viento desafiante.
-Mientras hemos estado hablando-dijo el Sol-, un campesino ha salido de su casa y va por aquel camino. ¿Lo ves?
-Lo veo.
-¿Serias capaz de arrancarle la manta con la que se cubre?
-He arrancado tejados y arboles-rió el Viento-, eso me resultará fácil, amigo Sol, debieras de haber elegido otra prueba.
-En tal caso empieza tu mismo-le contestó el Sol.
El viento comenzó a soplar y la manta parecía una bandera, el campesino entonces la sujetó con fuerza y se la enrolló alrededor de su cuerpo.
El viento entonces sopló con más intensidad, pero cuanto más fuerte era el viento más más se aferraba aquel hombre a su manta.
El viento enfadado arreció su fuerza y el campesino cayó al suelo,  y fue arrastrado hasta que tropezó con un árbol,  el campesino, dolorido y cansado, no cesaba de aferrarse a su manta, y abrazando el tronco del árbol conseguía mantener en su poder la manta con la que pretendía abrigarse del frío de la mañana.
-¿Todavía no lo has conseguido amigo Viento?
-¡Derribaré el árbol y lo arrastraré hasta que suelte esa estúpida manta!-gritó el Viento irritado.
Sopló y derribó el árbol, pero el campesino sujetaba la manta enrollada en uno de sus brazos.
-Creo que no podrás y que ha llegado ya el momento de intentarlo yo-dijo el Sol.
-Si yo no he podido, no creo que tu puedas, pero venga, inténtalo a ver de qué eres capaz.
El Viento se apartó para dejar que el Sol pudiera intervenir.
El campesino había quedado tumbado en el suelo, pero volvió a levantarse y seguir su camino, poniéndose de nuevo la manta sobre su espalda y el pecho.
El Sol comenzó a irradiar su calor, y el campesino, cansado por la experiencia con el Viento y acalorado, decisión detenerse bajo un árbol, sentándose al amparo de la sombra de sus ramas.
Poco a poco, el Sol fue aumentando su calor, y el hombre dejó de sentir frío, hasta que llegado un momento se quitó su manta y enrollándola la dejó junto a él.
-¿Y bien amigo Viento, qué tienes que decirme al respecto?

Toda fabula ha de tener su moraleja, pero prefiero dejarla a vuestra libre interpretación.


Otras versiones de esta fábula:
El Sol y el Viento.
El Viento y el Sol. Esopo.
El Viento y el Sol

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